¿ Has probado ya Firefox?

Caminos del silencio

Bloguer Invitado
Ya eran las diez de la noche y todos los pacientes volvían a sus respectivas habitaciones. Aún había luz solar, que se dejaba entrever, en forma de pequeños rayos, a través de los grandes ventanales del manicomio.

El Dr. Silicon dejaba su habitáculo vacío, ya solo quedaba la soledad que transmite un lugar tan funesto. Había escogido la carrera de psiquiatría porque le gustaba ahondar en la mente de las demás personas, pero creía que ser psicólogo no daba tanta libertad. Su trabajo en el manicomio no le dejaba mucho tiempo libre, y siempre que acababa su jornada se dirigía hacia el sótano del edificio. A partir de ahí se le perdía la pista y nadie volvía a tener noticias sobre él hasta el día siguiente.

El doctor tenía pacientes muy diversos y peculiares. Uno de ellos era Margaret.

Margaret siempre buscaba a alguien con quien pasar el tiempo, buscaba a un príncipe azul, como el que había leído en los cuentos que le daba el Dr. Silicon. Iba preguntando paciente a paciente si él era su príncipe azul, y de todos recibía una mala contestación, o una mirada homicida. Pero Margaret seguía preguntando día tras día.

Los días transcurrían sin muchos percances, excepto los típicos ataques de locura de algunos pacientes, o síntomas normales en personas con ciertas divergencias mentales.

Un día, Margaret se encontró con Peter, un paciente que parecía no llevar más de unos cuantos meses allí. Margaret conocía prácticamente a todos los internos en aquel manicomio, pero a Peter era la primera vez que lo veía.

La pregunta de Margaret era inalterable, la tenía que hacer, tanto daba la respuesta o el enfado, para Margaret era algo vital. Pero tras la pregunta se produjo un silencio, pero a diferencia de otros, éste no era incómodo, sino todo lo contrario. Para Margaret aquel silencio significó mucho.

Tras ese día, Margaret se sentaba en el suelo, al lado de Peter. Mientras éste observaba inmutable por los ventanales, Margaret disfrutaba del silencio que se producía en aquel lugar. Un dulce silencio, que hacía parecer a aquella zona del manicomio en una dulce estampa de amor al atardecer.

Autor: David Táboas
Blog: The Writing Zone

Artículos relacionados:

La chinita lo sabe todo

1 Comentario

  1. 14 de Enero, 2008 - 17:25| Permalink

    Pues si vaya timazo! un saludo majos

Deja un comentario

El email nunca es publicado o compartido. Los campos requeridos están marcados con *

*
*
*

Gana dinero con tu blog

LinkLift