De profesión: Blogger

Bloguer Invitado
—¿Ocupación? —preguntó el empleado.
—Blogger —dijo Luis.
El tipo dejó de escribir y levantó la vista.
—Tengo un weblog, soy blogger —explicó Luis.
—Ah, vos sos de esos que cuentan que el perro les cagó la alfombra, que al mediodí­a comieron fideos, que le escriben un poema pelotudo a la novia para el dí­a de los enamorados, ¿no?
—No —replicó Luis perturbado.
En su mente destelló por un instante un post memorable sobre la muerte de su mascota, aplastada por las ruedas de un camión de caudales.
—Eso no es ser blogger —continuó.
—Una manga de boludos con la cabeza quemada por el Counter Strike y el Msn, ya sé, qué me vas a explicar —interrumpió el empleado.
Luis estaba fascinado. Este tipo, así­ como se mostraba, no era otra cosa que un troll. Era la primera vez que Luis veí­a uno en vivo y en directo. Se lamentó por no haber llevado el celular o la cámara. Imaginó el post acompañado por el videí­to de YouTube y tuvo que contenerse para no pedir un teléfono prestado.
—No me vas a decir que eso es una profesión —retomó el tipo—; te la pasás mendigando links en internet, haciendo trackbacks o publicando notas metareferenciales. Es una huevada sin sentido, perdés el tiempo, eso es lo que hacés.

Luis intentó ponerse en el lugar de sus mentores. ¿Qué harí­a el gran Casciari en su lugar? ¿Qué respuesta original esgrimirí­a Xtian si le hubiese tocado a él protagonizar este episodio? Bestiaria lo habrí­a puteado indiscriminadamente, de eso estaba seguro.
—Me parece que estás equivocado, yo también tengo mi vida… —dijo Luis.
—Ahh, entonces no sos “Blogger” nada más; de algo viví­s, ¿o Google te da de comer a vos?

Luis pensó cuidadosamente la respuesta. En su mente relucieron los 57 dólares de la bandeja de informes de Adsense. De repente una sensación de pertenencia lo embargó. Querí­a defender a su cofradí­a, querí­a pararse sobre el mostrador y gritar “¡Soy blogger y me las banco!”. Pero el cuerpo voluminoso del empleado lo disuadió. Un tipo curtido por el hombreo de bolsas. Probablemente con un segundo trabajo de carga y descarga en el puerto.

—¿Sos un troll? —preguntó extasiado.
—¿Qué te pasa, putito de mierda? —respondió el empleado haciendo a un lado los papeles.
Luis comprendió que estaba cometiendo un error. Quiso remediarlo.
—No digo que seas troll, es que tenés toda la pinta —agregó.
—Pero mirálo vos al blogger —respondió el empleado mientras se arremangaba la camisa.
Sus bí­ceps, efectivamente, eran descomunales.
—Pará, pará —pidió Luis mientras retrocedí­a temeroso—, yo lo único que quiero es un buen tema para un post.

La respuesta fue una doble Nelson seguida de un golpe que convirtió su nariz en una regadera. El mundo entero se apagó. Luis pensó en la movida que habí­a en su provincia con este tema.
—¿En mi provincia? ¡En el mundo entero! —balbuceó antes de perder el conocimiento.
De pie sobre el cuerpo ovillado, el empleado sentenció:
—El mundo entero no son el puñado de boludos como vos que se pajean
frente a la computadora, te aclaro, pibe. El mundo está lleno de tipos
como yo.

Autor: José Playo
Blog: Peinate que viene gente

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